TST Nº 42
19/3/2026
Director de la Maestría en Gestión y Políticas Públicas Universidad Católica Boliviana

“En realidad, en cada etapa de la vida mis hijas me han enseñado algo nuevo. Con ellas he comprendido que el amor no es simplemente un sentimiento que aparece y se mantiene intacto, sino una construcción cotidiana hecha de paciencia, cuidado y pequeños gestos”
Al momento de contarnos sobre su exitosa trayectoria, el analista económico Gonzalo Chávez resalta: “Más allá de cualquier cargo o responsabilidad profesional, uno de los roles que más profundamente define mi vida es el de padre. Tengo dos hijas, Safira y Manuela, que son una fuente permanente de aprendizaje, alegría y sentido. En esta aventura de la paternidad no he estado solo: el apoyo de mi esposa Fernanda ha sido fundamental para construir ese pequeño universo familiar donde tratamos de crecer juntos todos los días”, nos cuenta y agrega: “Si tuviera que resumir mi trayectoria profesional, diría que mi mayor satisfacción ha sido haber contribuido, desde la academia y el debate público, a formar miles de profesionales y, espero también, a muchas buenas personas. En un país como el nuestro, donde los desafíos son tan grandes, ayudar a construir capital humano con ética, pensamiento crítico y compromiso con la sociedad es, para mí, uno de los logros más valiosos que puede aspirar a dejar un profesor. La paternidad me ha enseñado algo muy importante: ser padre no es un ejercicio de liderazgo en el sentido tradicional de la palabra. Más bien es un proyecto profundo de trabajo en equipo. En casa uno aprende a convivir con la diferencia, a respetar la libertad del otro y a construir, día a día, un espacio común donde el amor, el diálogo y la confianza son los verdaderos pilares. En realidad, en cada etapa de la vida mis hijas me han enseñado algo nuevo. Con ellas he comprendido que el amor no es simplemente un sentimiento que aparece y se mantiene intacto, sino una construcción cotidiana hecha de paciencia, cuidado y pequeños gestos. Gracias a ellas he aprendido que la familia es la mejor escuela de la vida y que muchas veces los verdaderos éxitos no se celebran en público, sino en los momentos sencillos de la vida familiar”.
“Los valores que intento transmitir en mi familia son los mismos que trato de practicar en mi vida: el amor, el compromiso ético, la solidaridad y un respeto profundo entre las personas. Con Fernanda hemos intentado que nuestras hijas crezcan en un ambiente donde estos principios no sean solo palabras, sino prácticas cotidianas. Creo sinceramente que las familias, las universidades y las sociedades solo pueden prosperar cuando estos valores se convierten en hábitos que se viven todos los días”.
Finalmente deja un importante mensaje para los papás: “Para mí, ser padre significa aceptar vivir con el corazón fuera del propio cuerpo. Ser padre significa, ante todo, ejercer una presencia activa: estar ahí, escuchar con paciencia y dedicar tiempo real al cuidado y al acompañamiento. La paternidad no se delega ni se practica a distancia; se construye en los pequeños gestos cotidianos, en las conversaciones largas y en la atención permanente a quienes crecen a nuestro lado. Por eso creo que la paternidad es uno de los ejercicios más nobles de ciudadanía, porque cada día tenemos la oportunidad —y también la responsabilidad— de contribuir a formar buenas personas que serán, mañana, el futuro de Bolivia”.