
“La maternidad y el trabajo pueden pedir presencia total al mismo tiempo, y eso genera tensión constante”
Notaria de Fe Publica N° 96 de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, con 20 años de experiencia en el área notarial y con varios estudios de especialización, diplomados, maestrías, actualmente cursando Doctorado en materia Notarial, Maritza es una autoridad en su campo.
“Tengo cuatro hijos, Gabriela 38 años, Ingeniera Comercial, María Laura 35 años, Auditora, Walter de 34 años Comunicación Estratégica y Corporativa y Diego de 22 años, de profesión Administración de Empresa -Finanzas”, nos cuenta orgullosa para comenzar y agrega: “Al convertirme en mamá, cambio mi forma de liderar con mi equipo de trabajo, me volví más empática, entendía mejor las necesidades, aprendí a delegar, entendí que no se puede controlar todo, tuve la necesidad de confiar más en el equipo. Aprendí a tener mayor resiliencia con el trabajo bajo presión, fortaleciendo mi tolerancia. Logrando un liderazgo más humano, valorando el equilibrio entre resultados y bienestar. Como mamá, la maternidad me fortaleció habilidades muy valiosas, aprendí que, con paciencia, todo se organizaba mejor, aprendí a liderar utilizando la inteligencia emocional. Mi mayor desafío al ser mamá fue sostener mi energía mental y emocional en ambos lados sin sentir que uno le está quitando al otro”.
Para Maritza equilibrar trabajo y maternidad es sentir que ambos mundos exigen presencia total al mismo tiempo, pues las madres que trabajan, deben recordar horarios, tareas, salud, escuela, trabajo y pendientes al mismo tiempo. “He sentido culpa muchas veces porque si priorizaba mi trabajo descuidaba a mis hijos y si priorizaba a la familia afectaba mi carrera. A diario me falta tiempo en lo personal, quedo sin espacios para descansar o pensar con calma. Cambio de rol rápidamente: de ser madre a trabajadora rápidamente, resolver temas laborales a atender necesidades emocionales o prácticas en casa sin pausa. Aprendí a poner límites, a decir no en el trabajo o en mi familia para no agotarme al extremo”.
Esta multifacética mamá nos abre su corazón: “el hábito diario que tengo para conectarme con mis hijos es mediante una llamada o un mensaje: envío mensajes bonitos para alegrar el día y tener conexión a diario con ellos. El sábado el almuerzo familiar es un compromiso asumido” y complementa: “Ser ejemplo de éxito para mis hijos, significa trabajar con honestidad y perseverancia, enseñar valores en su forma de vida, cumplir sus propias metas, sin perder la humanidad, ser responsables y tener respeto. Los apoyo si se equivocan, le inculco que nada impide seguir adelante, les enseño a poner límites sanos y respetar el tiempo familiar, a demostrar coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, el éxito también incluye tranquilidad, equilibrio y propósito. Algo importante: ser ejemplo no requiere hacerlo todo perfecto, muchas veces es valioso que los hijos vean cómo una persona enfrenta dificultades, pide ayuda y vuelve a intentarlo”.
“No imagino mi vida sin ser mamá, siempre soñé con tener varios hijos, el ser mamá no impide ser exitosa, somos ejemplo para nuestros hijos. La vida con hijos cambia prioridades, rutinas, relaciones y hasta la forma de verse a una misma, pero las madres debemos seguir con nuestros sueños y jamás perder la identidad más allá de la maternidad”.
“La mayor enseñanza de ser mamá es aprender a amar y cuidar de una forma mucho más profunda, ser humana, paciente y consciente. Aprender que no se puede controlar todo, debemos desarrollar paciencia incluso en momentos difíciles, aprender a priorizar lo verdaderamente importante, descubrir una fortaleza que no sabían que tenían, aceptar que “hacerlo perfecto” no existe y lo más importante todo es posible en la vida”.