TST Nº 44

22/5/2026

Carolina Suárez

Subgerente de Comunicación BANCO MERCANTIL SANTA CRUZ

“No imagino mi vida sin ser mamá. La maternidad transformó mi manera de ver la vida y me hizo más consciente y humana”

Licenciada en Administración de Empresas, con estudios de postgrado en Management y Comunicación Estratégica en la Universidad de Belgrano, Buenos Aires, y en Advanced Management in Financial Entities en la Universidad de Murcia, España, Carolina, tiene 18 años de experiencia en comunicación corporativa, reputación de marca y relacionamiento estratégico. “En el BMSC lidero el área de comunicación institucional junto a un gran equipo, trabajando para conectar al banco con sus audiencias de manera auténtica y cercana. Creo firmemente que comunicar con propósito es una forma de construir confianza, y esa convicción guía cada proyecto que emprendo”.

“Ser mamá transformó mi forma de liderar. Aprendí que liderar no es solo alcanzar objetivos, sino también escuchar, acompañar y reconocer el mundo interior de cada persona. La maternidad me hizo más paciente, empática y consciente de que los procesos son tan importantes como los resultados. Hoy lidero entendiendo que los equipos, al igual que las familias, crecen mejor cuando se sienten seguros, valorados y comprendidos. También aprendí a soltar el control, y eso me volvió más flexible y abierta a los cambios. Mi mayor desafío es gestionar el tiempo y encontrar equilibrio entre el trabajo y la maternidad. Entendí que el equilibrio perfecto no existe, sino que es una construcción diaria. Lo importante es estar presente y dedicar tiempo de calidad tanto en casa como en el trabajo. Aprendí que ser una madre presente no significa ser perfecta, sino actuar siempre desde el amor. Además, encuentro mucha inspiración en el ejemplo de mi madre y mi abuela, mujeres trabajadoras y luchadoras que me recuerdan de dónde sacar fuerzas cuando siento que todo puede derrumbarse. Sí, tengo pequeños rituales diarios con mi hija que son mis momentos favoritos. Por las mañanas, camino al colegio, cantamos juntas sus canciones favoritas y convertimos ese trayecto en un espacio para empezar el día con alegría. En las noches, antes de dormir, leemos un cuento y compartimos lo mejor, lo más difícil o lo más importante que vivimos durante el día. Son momentos simples pero muy valiosos, porque me permiten entrar en su mundo, escucharla y cerrar el día con gratitud. Siento que esos instantes hacen más llevadera la ausencia del resto del día mientras trabajo”.

“Para mí, ser un ejemplo de éxito significa vivir con integridad, coherencia y amor por lo que hago. Quiero que mi hija vea en mí a una mujer que trabaja con propósito, que construye relaciones basadas en la confianza y que nunca deja de aprender. Más que enseñarle a alcanzar metas, quiero transmitirle que puede cumplir sus sueños siendo fiel a su esencia y desarrollando los dones que Dios le dio. No imagino mi vida sin ser mamá. La maternidad transformó mi manera de ver la vida y me hizo más consciente y humana. Hoy pienso más en el legado, en construir algo que trascienda y aporte a las nuevas generaciones. Ser mamá me regaló una perspectiva más profunda sobre el amor, la presencia y el propósito, y siento que me convirtió en una mejor versión de mí misma. La mayor enseñanza que me dejó la maternidad es comprender el verdadero poder del amor. Mi hija me inspira cada día a ser mejor y me enseñó que la perfección no existe. Entendí que no necesito tener todas las respuestas, sino estar presente para acompañarla mientras encuentra las suyas. Además, ser mamá me permitió volver a mirar el mundo con asombro, aprender de las pequeñas cosas y redescubrir la vida a través de los ojos de un niño. También quiero reconocer a todas las madres que trabajan, lideran, sueñan y sostienen a sus familias, porque su fortaleza y amor transforman el mundo cada día”.

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