TST Nº 44

22/5/2026

Ivette Eid

Empresaria

“Mis hijos llegaron para enseñarme sobre el amor más puro y para acercarme más a Dios y valorar el gran trabajo que hacen mis padres”

“Estudié Educación Parvularia y ejercí muy pocos años en esa profesión, pero la vida, el ejemplo y sueños de mis mentores, que son mis padres, me llevaron al mundo de la hotelería. Fueron 18 años manejando un hotel, una etapa que marcó profundamente mi vida y me enseñó el verdadero valor de la perseverancia, el liderazgo y el amor por lo que uno hace” nos dice, para comenzar, esta hermosa empresaria y agrega: “Soy mamá de Julián de 15 años, Agustina de 13 y un ángel que no llegó a este mundo terrenal, pero que se convirtió en mi guía y mi luz día a día. Ellos son el motor de mi vida y quienes me enseñan constantemente el verdadero significado del amor, la fortaleza y la fe. Cada experiencia fue formando mi camino y hoy todas esas enseñanzas las estoy aplicando en nuevos proyectos, con el deseo de seguir construyendo un gran legado que algún día, mis hijos continuarán con orgullo y amor”.

“Ser mamá cambió por completo mi forma de ver la vida y de liderar. Me enseñó que la verdadera fuerza viene del corazón, de la empatía y de la capacidad de amar incluso en los momentos más difíciles. Aprendí a escuchar más, a ser más humana y a entender que liderar no es imponer, sino inspirar y acompañar desde el amor y el ejemplo. La maternidad me hizo descubrir una versión más sensible, fuerte y espiritual de mí misma. Mi mayor desafío ha sido aprender a estar presente plenamente en cada espacio sin sentir culpa. Entendí que el equilibrio perfecto no existe, pero sí existe el amor genuino con el que hacemos cada cosa. Hoy trato de vivir con más calma, priorizando los momentos que realmente alimentan el alma y que se quedarán por siempre”.

“Uno de nuestros rituales más especiales es agradecer juntos. Agradecer por la vida, por la salud, por la comida, por estar unidos y hasta por las pequeñas cosas que muchas veces pasan desapercibidas. Creo profundamente que enseñarles a mis hijos a vivir desde la gratitud les permitirá crecer con un corazón más consciente, humilde y lleno de luz. Para mí, conectar con ellos también es recordarles que cada día es un regalo de Dios y de la vida. Para mí, ser un ejemplo de éxito significa enseñarles que la verdadera grandeza nace del corazón. Más que verme alcanzar metas, quiero que mis hijos me recuerden como una mujer íntegra, llena de fe, capaz de levantarse en los momentos difíciles y de amar con humildad. Quiero transmitirles que el éxito no se trata solo de lo material, sino de vivir en paz con uno mismo, actuar con bondad y dejar luz en la vida de los demás. Mi mayor deseo es que ellos crezcan sabiendo que los sueños sí se pueden alcanzar cuando caminas de la mano de Dios, cuando nunca pierdes tu esencia y así lograr sentirse plenos y seguros para alcanzar el éxito en lo que ellos decidan”.

Ivette asegura que ser mamá le dio un propósito más profundo a su existencia. “Mis hijos llegaron para enseñarme sobre el amor más puro y para acercarme más a Dios y valorar el gran trabajo que hacen mis padres. Antes tenía metas, después de ser mamá entendí realmente el sentido de la vida y eso, hoy por hoy, entiendo que va de la mano”.

“Ser mamá me enseñó a mirar la vida con el alma. Entendí que los hijos no nos pertenecen: son almas que nos eligen para venir a enseñarnos aquello que aún no hemos sanado, para tocar nuestras partes más frágiles y, al mismo tiempo, despertar una fuerza que ni siquiera sabíamos que existía dentro de nosotros. Ellos son mis más grandes maestros. Gracias a ellos entendí que nadie tiene un manual para ser padre, porque cada hijo llega a enseñarte el amor de una manera distinta. Ellos me hicieron más fuerte, más consciente y más capaz de amar. Son la razón por la que muchas veces encontré fuerzas para seguir adelante y también el reflejo más puro de la mujer que quiero seguir siendo”.

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