
“Quien aprende a navegar aguas turbulentas avanza más que nadie — las velas de un barco avanzan más cuando hay más viento”
Donde otros ven obstáculos, La Paz crea oportunidades
Hay ciudades que premian la comodidad y otras que forman carácter. La Paz pertenece, sin duda, al segundo grupo. Emprender aquí nunca ha sido el camino fácil, pero precisamente esa complejidad es la que convierte a la ciudad en una de las mejores escuelas para quienes buscan construir empresas con visión de largo plazo.
Después de 26 años como emprendedor serial, prefiero no hablar de logros; prefiero hablar de cómo cada fracaso y cada adversidad se convirtieron en una oportunidad y en un gran aprendizaje. Suena a cliché, pero es verdad: cada fracaso es una lección para mejorar. Si algo define mi trayectoria, no son los aciertos, sino la capacidad de levantarse, aprender y volver a intentar. Cada obstáculo obliga a replantear estrategias, entender mejor al mercado y regresar con una propuesta más sólida. Esa cultura de aprender, adaptarse y volver a intentarlo es, en esencia, la misma que define a La Paz.
Es un mercado exigente y difícil de interpretar. Su diversidad social, económica y cultural hace imposible aplicar fórmulas universales. Aquí, comprender las necesidades reales de las personas requiere escuchar, experimentar, corregir y evolucionar constantemente. La innovación no consiste en imponer tecnología, sino en desarrollar soluciones que respondan a la realidad paceña.
La Paz es un mercado difícil de leer y muy heterogéneo. Conviven segmentos muy distintos y entender las verdaderas necesidades de la gente es un desafío enorme. Nuestra forma de contribuir es aplicar el mismo principio que aprendí en 26 años de emprender: probar rápido, fracasar rápido, aprender y pivotear, hasta dar con productos que realmente conectan con las necesidades de la población. Así logramos que la tecnología responda a la realidad paceña, no al revés.
Esa misma complejidad explica por qué La Paz sigue siendo una ciudad llena de oportunidades. Hay miles de pequeños y medianos empresarios desatendidos, esperando productos y servicios pensados para ellos. Y ser sede de gobierno genera una dinámica económica y de oportunidades que ninguna otra ciudad del país tiene.
A las nuevas generaciones les diría algo contraintuitivo: los lugares que en teoría son “no deseables” tienen una ventaja escondida. Ese prejuicio es una barrera de entrada — ahuyenta a la competencia y deja las oportunidades servidas para quienes se quedan. Donde otros ven razones para irse, yo veo un mercado abierto para los que decidan construir.
La Paz no es para cualquiera porque: “Aquí se navegan aguas difíciles: lo sociopolítico afecta el día a día. Pero quien aprende a navegar aguas turbulentas avanza más que nadie — las velas de un barco avanzan más cuando hay más viento”.