
Cochabamba late distinto. Es tierra de montañas que nos abrazan y de un cielo que siempre nos recuerda que aquí el sol vuelve a salir, incluso después de la tormenta. Hoy, nuestra ciudad respira creatividad, innovación y fuerza colectiva. La economía naranja se abre paso, y con ella los nuevos trendsetters que muestran que Cochabamba no sólo resiste: se reinventa, se transforma, inspira. Están escribiendo un capítulo distinto para el futuro de nuestra querida Llajta.
Cada uno de ellos refleja virtudes profundamente cochalas. Mauricio Porro nos recuerda el valor de la confianza y la seguridad que sostienen el desarrollo; Álvaro Gonzales, encarna la visión comercial y la capacidad de construir puentes que nos conecta. Carlos Soruco, con Quantum, es símbolo del ingenio y la innovación tecnológica nacida en nuestra tierra. Natalia Aparicio desde la ciencia política, representa la voz crítica y valiente que impulsa el cambio social. Javier Pavisic, la visión estratégica que empuja a avanzar con resiliencia. Andrea Moscoso, demuestra la pasión y excelencia con las que ponemos a Cochabamba en el mapa del mundo. Gonzalo Guamán, honra el valor del trabajo artesanal que da forma a lo cotidiano y lo transforma en belleza eterna. Andrés Herbas, con su mirada, desde las cámaras captura la esencia de quienes somos y la proyecta hacia el mundo. Roberto Aranibar, diseñador y promotor de la economía naranja, refleja el poder de la creatividad como motor económico. Y Drika Arnez, simboliza el poder y la capacidad de reinventarse y conectar desde lo auténtico.
En lo personal, mi misión ha sido acompañar a las mujeres en el camino de tomar el control de sus finanzas personales y de sus decisiones económicas. Creo firmemente en fomentar equipos sólidos dentro de las familias, donde las decisiones económicas se compartan y se fortalezcan. Esto no solo genera un mejor equilibrio en el hogar, sino que también permite que las mujeres —solas o en pareja— eduquen a sus hijos con una visión más amplia y responsable del dinero, creando un impacto positivo en la próxima generación. Lo hago desde mi propia historia: después de un matrimonio no muy agradable y un divorcio complejo, tuve que diseñarme de nuevo y volver a empezar junto a mis hijos, demostrando que la resiliencia y la valentía están en nuestro ADN. Como las Heroínas de la Coronilla, sabemos que se puede empezar una y mil veces, porque nuestra fuerza no radica en evitar el caos, sino en aprender a bailar bajo la tormenta.
Y los cochalas siempre nos atrevemos a dar el primer paso hacia adelante. A las nuevas generaciones de cochabambinos y cochalas les digo: no tengan miedo de soñar en grande, pero sueñen con propósito. El mundo necesita de su creatividad, su energía y su valentía. Cada paso, por pequeño que parezca, cuenta para construir un legado y reafirmar lo que somos: una tierra de talento, resiliencia y esperanza.

























